“No era un chorizo, pero ese dÃa se pasóâ€. TenÃa catorce años. Por aquel entonces ya tonteaba con las drogas. Con dieciséis, comenzó a juntarse con adultos y una noche se fueron de fiesta. La cogorza les llevó a seguir la marcha en Motril y, a la vuelta, fueron directos a la estación de autobuses. Allà subieron al coche a dos chicas. Las llevaron a un descampado, les intentaron robar pero ellas se resistieron y, entonces, le dispararon varias veces con una pistola. Automáticamente se dieron a la fuga y las dos jóvenes quedaron heridas y tendidas en el suelo. Quiso la fortuna que alguien que paseaba por la zona las encontrase antes de que fuera demasiado tarde.
“El chaval creÃa que sólo disponÃamos de sus huellas, pero pasaron más de dos años hasta que se celebró el juicio y conseguimos localizar a una de las vÃctimas. La testigo, protegida por una mampara, identificó al agresorâ€. Asà explicaba ayer el juez de menores Emilio Calatayud uno de sus casos. El auditorio, integrado por adolescentes de segundo y tercero de ESO del IES Montevives de Las Gabias, escuchaba expectante el discurso del magistrado. La condena del joven fue de doce años de internamiento más cinco de libertad vigilada.
Pasó el tiempo y el chico inició una relación sentimental. “Cuando lo encerramos, ya tenÃa diecinueve años y, pasados unos meses, solicitó permiso para salir a casarse. Se lo denegué y se casó dentro de la prisión. Más adelante tuvo un hijo y pidió permiso para salir a inscribirlo. No se lo dà y lo hizo dentro. El chaval llegó a comprender la gravedad de sus acciones y tuvo que contarlo a sus padres y su mujer. Algún dÃa deberá explicárselo también a los dos hijos que hoy tiene. No le dà permiso para casarse porque sabÃa que entonces su mujer ignoraba con quién se casabaâ€.
De los adultos que participaron en los hechos no llegó a saberse nada, según explica Calatayud. Con sus palabras, el conocido juez pretende hacer entender a los adolescentes que no son impunes ante la justicia. “Si os han contado por ahà que porque sois menores no os pueden detener, os han engañadoâ€, sentencia. Los jóvenes escuchan muy atentos sus palabras durante cerca de dos horas. Detrás de cada historia, hay una moraleja, un mensaje que llega a los adolescentes que, boquiabiertos, realizan gestos de desaprobación o sonrÃen al captar la ironÃa de sus palabras.
“Llevo juzgados 27 asesinatos de menores, 75 violaciones y unos 15.000 delitos variosâ€, señala el magistrado. La circunstancia. La frase con la que el juez inicia y finaliza su discurso – ‘no era un chorizo, pero ese dÃa se pasó’– deja abierta la posibilidad de poner cualquier rostro joven e inconsciente a los personajes de las historias que relata. Para Calatayud hay chorizos, jóvenes que delinquen movidos por una circunstancia concreta sumada a su inmadurez, niños que padecen alguna enfermedad mental y, en una cuarta clasificación, menores que, “a consecuencia del consumo, cada vez más temprano, de determinadas sustancias, se están volviendo locosâ€.
Sus sentencias son conocidas por su originalidad y porque, tras ellas, más allá de un castigo en respuesta a un acto delictivo, hay una intención de modificar la conducta del menor infractor. “Si la haces, la pagasâ€, declara Calatayud. El castigo –como él mismo explica– dependerá de la edad del menor y repercutirá directamente sobre él siempre que tenga una edad comprendida entre los catorce y los dieciocho años. Con menos de 14, serán los padres quienes deban responder por los actos de sus hijos.
Las condenas para delitos cometidos por menores a partir de catorce años pueden suponer su ingreso en un centro, en régimen de internamiento cerrado, semiabierto, abierto o terapéutico. Calatayud advierte a los estudiantes que “los centros de menores de AndalucÃa no tienen nada que envidiar a la cárcel de Alboloteâ€. La segunda alternativa es la mediación, una vÃa que pretende resolver los conflictos mediante el diálogo. Por último, el menor puede ‘compensar’ sus faltas prestando servicios a la comunidad.
Desde la peculiar perspectiva de este juez, el robo a personas mayores se pagarÃa con un número de horas determinado cuidando ancianos. Como él mismo explica, “una vez una chica le dio una paliza a otra porque ‘la miraba mal’. El castigo fue limpiar cristales y espejos para ver, en el reflejo, cómo era su miradaâ€. De este modo, en cada caso, la condena pretende incidir en el comportamiento del menor que delinque transformando sus acciones destructivas en conductas constructivas.
Tras las explicaciones iniciales del juez, llegó el turno de las preguntas. Superada la timidez, muchos de los presentes formularon sus cuestiones sobre temas que les afectan directamente. “¿Qué es más chungo, un menor delincuente o un mayor?, preguntó uno de los jóvenes, a lo que el magistrado respondió, en los mismos términos, “es más chungo un mayorâ€. No obstante, Calatayud reconoció que “es más peligrosa una pandilla de menores que un adulto solo, porque se envalentonan y son inconscientes e imprudentesâ€.
“¿Qué pasa si la Guardia Civil te pilla fumando porros?†o “¿qué te ocurre si quemas un secadero?†fueron otras de las preguntas que dejaron entrever aquello que circula por las jóvenes mentes de los estudiantes gabirros. También los alumnos extranjeros que estaban de intercambio plantearon sus cuestiones, relativas, en muchos casos, a la violencia de género entre menores.
En este sentido, el juez llamó la atención sobre el notable incremento de la violencia y las agresiones a la pareja y señaló que ya se dan casos en los que hay que dictar órdenes de alejamiento entre novios de 14 o 15 años de edad. Tras la charla, el magistrado se despidió de los adolescentes con un consejo: “Tenéis derechos, disfrutadlos, pero no olvidéis que también tenéis deberes y, si no los cumplÃs, lo vais a pagarâ€.
Fuente: La Opinión de Granada
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